Querido Juan1:
Disculpa la tardanza. Un doctorando sin oficio ni beneficio dispone de su tiempo sólo cuando se declara «en rebeldía», y yo lo estoy ahora.
P: La lluvia en Sevilla es una maravilla, pero recuerdo a mi abuela (calle Sor Francisca Dorotea) más bien «bajilla» con las tormentas, quizás porque perdía a la gente de vista. ¿Cómo estás?
Más cansado de lo que debería, demasiado veraniego en esta sequía rara. Congelaíto en Madrid, donde no termina de llover pero se está incomodísimo estos días. A puntito de resfriarme. En Sevilla la lluvia era una maravilla cuando caía en la Feria, ahora es más bien un milagro.
P: Se dice de ti (MD) que eres «una persona maravillosa y súper cercana». ¿Quieres desmentirlo?
Si lo dice Toñi Moreno, que es la única con potestad para llamar a alguien “persona maravillosa”, no me atrevo a desmentirlo. Si tus fuentes son otras, lo agradezco muchísimo, pero no les doy el mismo crédito. Lo de cercano tiene que ver con que soy bajito y quepo en cualquier lado.
P: «Poema para un río». Poco después: «En los poemas que siguen he buscado navegar por las condiciones emocionales que surgen cuando admitimos que estas expulsiones son los ejes de nuestros modos de convivir». Y pretendes que la gente siga leyendo. Es pregunta.
Uno propone y el lector dispone. En la nota inicial hay un camino posible, en el que quería explicitar la relación entre racismo y planificación urbanística. Luego, lo que cada uno haga con el libro me parece bien; si se entretienen por el río y encuentran algo que les guste yo me doy por contento, como en los tangos del Piyayo: «El río busca su cauce / la golondrina su nido / la mujer que está viuda / va buscándose un marío”.
P: En Madrid, y perdona que lo mencione, es más que evidente la adaptación de los espacios públicos y privados a los visitantes; que no es una palabra inocente ya lo sabía Cortázar2. Sin embargo, porque Madrid es menos España que ninguna otra parte de España, injustamente debe de sentirse menos truculento, menos injusto que en Sevilla. ¿Es una impresión?
Cuando llegué a Madrid por primera vez yo sentía un cierto resentimiento hacia Sevilla. Pensaba que la increíble belleza de mi ciudad había servido para encubrir todo tipo de abusos y para mantener en el poder a una clase conservadora que tenía la hegemonía económica y cultural de la ciudad, que habían convertido en un zoológico para turistas. Este relato no era original; hemos leído mil veces cosas así sobre Roma. Madrid, como ciudad fea, en época de Carmena, parecía todo lo contrario. No había mucho por lo que pegarse: una identidad cogida por puntas, verbenas cutres, nada de gusto en el vestir, ni en el comer ni en el beber… Así que pensé que la fealdad salvaría la ciudad. Después de ver lo de Ayuso/Almeida/Vox, y cómo en dos años han inventado identidad madrileña a partir de un brainstorming con cuatro asesores, o al entender en profundidad el enorme poder económico y político que tienen los antiguos fascistas, hoy transfigurados en meros madrileños del norte… pues he visto que la fealdad no ha salvado en absoluto a la ciudad. Madrid también puede ser una mierda, y encima fea. Soy muy feliz aquí, porque de momento mi situación es buena gracias a mi beca de doctorado, a unos amigos a los que adoro y a que vivo en el centro con mi novio. Demasiadas condiciones como para que la culpa de mi felicidad la tenga la ciudad.
También he podido observar con admiración, desde una colaboración distanciada, cómo hay barrios en Sevilla que se organizan y proponen otras relaciones entre comunidades, en un espacio recibido pero no perenne, y contra unos poderes rentistas que terminarán cayendo. No hay ciudad perfecta, por supuesto, pero sus imperfecciones siempre las sufren los mismos, vivan donde vivan. En ese sentido, me cuesta hacer un juicio estético aglutinador de las ciudades, prefiero centrarme en circunstancias emocionales más concretas, sin menos peso histórico o sin voluntad de sentar cátedra. De ahí los poemas.
P: ¿Tendrá que ver con el Cachorro, «Muerto, como nadie ha visto / Qué agonía en ese Cristo/ Honra y gala de Sevilla?». ¿Tendrá Lorca que ver, que en la capital no pasa de ser bronce en la plaza tomada?
Cuando era pequeño le tenía un miedo enorme al Cachorro y ahora es verlo y me entra una paz interior que no se repite en todo el año. Para mí la Madrugá acaba cuando lo veo, aunque venga de dormir un rato tras ver la entrada de la Macarena. Veo al Cachorro antes del atardecer y ese mareo del éxtasis de haber visto a la Macarena por la mañana se transforma en un cansancio solemne y digno. Uno se siente, mirándolo, entre las personas más elegantes del mundo. Sobre Lorca ya siento que no puedo decir nada. Le cogí coraje hace unos años y luego volví arrepentido. Leo mucho sus ensayos ahora, y sus cartas. Para mí es una época mala para releer su poesía, sobre todo Poema del cante jondo o Romancero gitano. Ya volveré.

P: Tuve también la impresión de leer a un mestizo, y muchas más sombras que no digo por no aparentar otra cosa.
Mi gran miedo al escribir el libro era convertirme en un imitador de identidades, en una injusta representación de lo que yo en ningún momento he querido representar. El término “mestizo” me da algo de pavor, porque en el mundo del flamenco, al hablar de “mestizaje” lo que se suele querer hacer es diluir el negro en colores más claros, más asumibles y menos problemáticos. Al terminar el libro, sin embargo, he visto que Las cañadas oscuras es un trabajo con un origen muy definido, voluntariamente situado en una concepción ética y política, pero también anclado en unas nociones de cultura o privilegio que no solo es innegable, sino que caracteriza mi escritura como poeta contemporáneo. He trabajado con gitanos, he leído a gitanos y he escuchado a gitanos toda mi vida y he intentado que eso se materializara en el texto de una forma no forzada y, desde luego, no interesada. Pero el libro no es mestizo, es blanco, y se publica en un país mayoritariamente blanco y racista, y su público, aunque estoy intentando que no sea así, será mayoritariamente blanco. Estas son sus condiciones de partida. Por supuesto, llevo años acercándome a otra forma de leer la Historia y a otras perspectivas; intento conocer realidades y sobre todo métodos de conocimiento que escapen de lo eurocéntrico, como casi todas las personas de buena voluntad que conozco, pero por eso no hay que sorprenderse ni aplaudir a nadie.
P: Al principio se me ocurrió que el Betis podría tratarse de uno de esos ríos enojosos de la Ilíada. Acabé pensando que no era un disparate.
La culpa es de los que lo enojan. El río tendría que estar solamente para que Aquiles y Patroclo hicieran sus cositas, pero claro, si me lo enfadan… canta musa la cólera del pélida Aquiles, etc.
P: ¿Conoces a alguien que me dé trabajo en Salamanca? ¿Teletrabajo?3.
En octubre voy al paro y con la tesis sin terminar. Podemos hacernos emprendedores. ¿Sabes hacer croché?
P: Un poemario con bibliografía. ¿Desapropiación o verónica?
Un político del PSOE te diría: TRANSPARENCIA. Yo te digo que si vienen a robarme que al menos me vean en combinación y con la media liguera. Y que el libro quiere ser lo más abierto posible. La bibliografía era un primer paso sencillo. Y una manera de insistir en que yo escribo poesía, la Historia la hacen otrxs (y muy bien).
P: No te entretengo más aunque quisiera. Si estuviese a favor de la ridiculez y de las fajas, escribiría en ella: «Un libro desbordante». Pero no. Gracias.
Muchísimas gracias. Aquí ni faja, ni sostén.
Un abrazo.
Benot
Pronto en diariodeversiones.wordpress.com
Y uno pronto en librerías, si Dios quiere. Es broma, los editores se desviven por rerreeditar a Zweig.
Notas
1. Juan Gallego Benot (Sevilla, 1997). Sobre el poemario reciente Las cañadas oscuras (Letraversal).
2. «Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia». Casa tomada, de Julio Cortázar.
3. Véanse Comedia sin título de García Lorca y el distanciamiento de Bertolt Brecht.
Otros libros en mientes
Enrigue, Álvaro. Tu sueño imperios han sido (Anagrama)

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