Esa es la mejor manera de combatir contra el absurdo. Con reacciones igualmente absurdas. A ser posible, con sigilosa demencia.
Dovlátov. La filial
Miércoles
“Dónde está el atril. Aquí”.
EB habla deprisa. La precisión del lenguaje en cascada diáfana es sorprendente. Ese español al que se refería [la] Gaite: “Si pasó, no lo sé, pero yo no lo sentí”. Contaba el caso de un niño de ocho años al que le preguntaron si alguno que andaban buscando había pasado por allí.
“Conócete a ti mismo”. La regla ya estaba inscrita en el Templo de Apolo en Delfos, y me suena el parentesco con los pitagóricos y los órficos. Todo esto resulta tremendamente complicado para un literato, dicho con retintín, que no sabemos nada a ciencia cierta ni a derechas. En la época del todo es todo y todo es comunicación, y la comunicación es medio de masas; del rizoma de Deleuze y Guattari en el espejo lacaniano, a ver quién es el guapo que sabe de qué lado peinarse/a qué lado cae la mirada del hablante. Por eso admiro a quien tiene capacidad de expresarse por encima o por debajo del argot.
En cuanto a la metáfora, tengo que adoptar la postura del gremio. Que todo es metáfora más o menos familiar (Nietzsche, 1873). Una niña que nace en una aldea alemana perteneciente a Rumanía observa, además de la discriminación que sufren los habitantes de Nițchidorf, que en la ciudad llaman rândunica a la golondrina, lit. “la que se sienta en hilera” (Müller, 2003). No sé si ya entonces podías decirle a tu pareja: “Ce fac, rândunică/rândunel?”.
El ritmo es importante, qué duda cabe. De preferencia, ritmo lento. Pero en mi incerteza desconozco cuál es el propio del español, aunque reconozco la tonadilla salmantina desde que la escuché en mi primer año en la Complutense. El mío es dubitante, de quien ha irrumpido in media res en zapatillas de andar por casa. Olvido el significado de las palabras, mezclo las formas y tergiverso la etimología. Una vez conté a un alumno que en un episodio nacional se ganó la Batalla de Trafalgar. Lo corregí enseguida porque estoy acostumbrado a esas nieblas.
Espero haber sido capaz de comunicar mi confusión, mi mayor muestra de vitalismo.
Unos libros en mientes que incompletan lo ya agitado
Dovlátov. La filial (Fulgencio Pimentel)
Gallego Benot, Juan. La ciudad sin imágenes (La Caja Books)
Malévich, Kazimir. Nuestras tareas
Müller, Herta. El rey se inclina y mata (Siruela)
Nietzsche, Friedrich. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

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