El protocolo, cuando una menor llega a planta, es encerrarla en su habitación y mantenerla incomunicada para que no se relacione con adultos. Se ejecuta sin piedad (es el sistema, sólo cumplen órdenes).
Estoy con mi compañero en la habitación. Fuera suena un ruido inidentificable. Qué es eso. Mi compañero se acerca a la puerta. Hay humo. Enseguida empieza la alarma de incendios. Bueno. Un discente, frustrado por no recibir explicaciones de su médico, ha rociado el pasillo con un extintor. Sólo lo siento por las tres mujeres que se afanan luego con la limpieza. Él, cuya respuesta ha sido proporcionada (es, mejor dicho era aquella víctima inocente de la que hablé ayer), ya debe de estar en aislamiento.1 Hoy no nos libramos de la terapia de grupo.
Notas
1. En aislamiento, atado a la cama y obscenamente sedado. ¿Criterios médicos?

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