Notas extraídas del club de lectura del domingo. Leímos Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro. Manejé la edición de Alfaguara (hostia con la cubierta, eh). Las contribuciones son obra propia de todos los asistentes.
La primera parte del libro me gustó mucho más que la segunda mucho más árida y tiempo después pensando en hoy reparé en lo fundamental de esa aridez para el relato y me acordé de 2666, donde el desierto (en concreto la frontera entre México y EE.UU) se extiende durante 950 páginas, con algún destello, alguna piedra rara y bien traída, pero seca.
Aridez que es de la narración polvorienta del clima y del paisaje.
Paisajes sonoros ondas sonoras que sin embargo no se convierten en sonido hasta su interpretación por máquina u órgano o amanuense Valeria Luiselli (Paisajes sonoros)-Elena Garro (Los recuerdos del porvenir)-Roberto Bolaño (2666). Mapa conceptual que podemos ampliar tanto como queramos: Dino Buzzati, Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Sara Gallardo y un libro este sí desvanecido en un juego de sedes.
Figuras desvaídas en fulgores y sombras. La sed, la carencia, la osamenta de las caravanas (to tantalize).
La Ilíada, siempre recomiendo la versión rítmica de Agustín García Calvo, o el poema de la fuerza,1 y en la página siguiente el juicio de Paris, casi exacto (la historia se repite como tragedia).
Interacción muy singular del realismo mágico –fundacional, pero trasciende.
Los cristeros (las violencias en la conversación encadenan con García Márquez)
Jerarquía de los culpables
Trastorno de estrés postraumático
Las prostitutas en la literatura latinoamericana
Dos espacios de poder: el hotel y el prostíbulo donde vive Juan Cariño el presidente / el loco / el escritor dentro de la novela, la persona que da importancia a las palabras, el único que emplea libremente las palabras, porque los demás / los cuerdos / son esclavos del uso que hacen de ellas, su mundo social es mucho más pequeño / Gringoire / el loco / el poeta de Nuestra señora de París, Víctor Hugo / El licenciado Vidriera.
Notas
1. A Homero lo conocen. La Ilíada o el poema de la fuerza es un artículo de esa majestuosidad rara que tiene Simone Weil; que ahora que quiero explicarme me viene a la cabeza Gramsci, pero no, es otra cosa más atávica, más profana también.

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