El silencio debe ser contemplado y juzgado desde el punto de vista moral. Porque el silencio, como la apatía y la lujuria, es un pecado. El hecho de que en nuestra época sea un pecado común a todos nuestros semejantes, que sea el fruto amargo de nuestra época malsana, no nos exime del deber de reconocer su naturaleza, de llamarlo por su verdadero nombre.
Natalia Ginzburg. Las pequeñas virtudes
No me amparaba ningún cielo extranjero,
no, alas extranjeras no me protegían.
Estaba entonces entre mi pueblo
y con él compartía su desgracia.
Anna Ajmátova. Réquiem
La democracia occidental (que no lo es tanto, occidental, pues hablamos de un nudo de comercio por donde entraron también ideas de órdenes religiosos, filosóficos, culturales, hay que entender que políticos)[1] empezó de manera poco ejemplar, con esa distinción radical entre ciudadanos, metecos y esclavos de los libros escolares. No sólo capital económico, sino capital cultural. El emperejilado Pericles, perecido bajo el signo de Apolo (la peste), fue un gobernante populista y un señor de la guerra que dejó la Hélade a punto para la espada y las falanges del Magno. En este tono (no estilo), me siento un poco Marhuenda.
Meteco, de la preposición y prefijo μέτα- y oἶκος, casa: “el que ha cambiado de residencia”. Además de ser una palabra con testimonios desde el siglo VI a.C., la referente a los metecos era una normativa de cierta complejidad, y asimismo diferenciada en cada polis, por lo que no voy a entrar siquiera en generalidades.
Extranjero, que por etimología procede de estrangier, acuñamiento de la gran potencia neocolonial europea (AOC)[2], que nunca extendió la fraternidad más allá de la metrópoli; qué decir de la egalité, y aun allí es una cuestión de palabra.[3] Al menos les nacieron Balzac, Camus, Deleuze y Guattari. Menciono también a Montaigne, por convenciones del género. Me había fijado en una etimología de la UNAM, pero en deChile.net, fuente pendiente de verificación, leo que está formada por estrange (extraño) más el sufijo -ier, “que indica ocupación o profesión”. En latín paladino: “extraño profesional”. Pues muy bien.
Pobres franceses, no sé si eran mucho peores que los españoles, pero desde luego proyectaban en nosotros sus vicios, también los reales (y ahora no se trata de una lección lacaniana). En todo caso, mi diatriba resulta esclarecedora creo con respecto a lo que uno debe pensar de su vecino, y del extranjero en general.
Otros sinónimos de extranjero, y vamos a hacer sangre, que no se diga que los españoles no somos los primeros en señalarnos: rumano. Gitano, por supuesto (romaní). Son ladrones, y encima una categoría despreciable de ladrón. Es una repulsa transversal: del pijo de Olavide al gitano español, pasando por todo el clero, si este se estima. Cuando un español agita, de manera anodina, alguna sementera fascista del orden: “Eres demasiado blanca para ser rumana. No sabía que habías hecho un doctorado”, nunca repara en que pueda provocar a la persona a la que se dirige.[4] Para estos patriotas, está más o menos asumido que deben guardarse de ventear “negritos”, “moritos”… pero no guardan ninguna apariencia para escupir sobre la palabra “rumano”. Ole.[5]
Poetul ca şi soldatul
nu are viaţă personală.
Viaţa lui personală este praf
şi pulbere.[6]
“Cada lengua tiene sus propios ojos”, escribe Herta Müller. Es un texto al que hago referencia constante, por estar todo dicho, o algunas cosas que importan, en su defecto. Cómo su aldea, perteneciente a Rumanía, pero poblada por campesinos de habla alemana, sufría con dosis de resiliencia histórica el desdén tracio, a dos pasos de la ciudad, donde el mundo era(n) otro(s). Otra lengua, otras costumbres, un andar diferente. El viento y las golondrinas respondían con su forma a otro punto de vista. Cada lengua habita sus propios ojos. En palabras de Concepción Maldonado: “Somos profesores de español y vamos a transmitir una visión del mundo”.[7] Y más nos vale imponernos la prudencia, que es virtud renacentista, de los tiempos en que no lo fuimos, y ahora poco más o menos.
El Renacimiento, que supuso una vuelta a las fuentes originales, y cuyo manuscrito ardió con Giordano Bruno. Repetimos, entonces, que los manuscritos no arden (El maestro y Margarita). De cualquier modo, los griegos, Simone Weil y Elena Garro nos dejaron también a Homero, Freud a Edipo y Borges a Tiresias, y Maggie Nelson al Argo.
En cuanto al mundo de “la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera”, mi gremio más reciente, extranjero posee connotaciones propias, extrañas a todo lo anterior, pero muy lógicas en cualquier caso. Extranjero: persona con posibles, habitualmente (de héxis) caucásica. ¿Pensando en quién se hacen los manuales, quién paga los artículos de las universidades norteamericanas (por mucho estudio decolonial que hagan), qué clases de foráneos recibe la Universidad de Salamanca? Y me permito decirlo porque se trata de la propia hipocresía antes que nada, y porque hay que hacerlo.
Vamos ahora con la cita que abre mi TFM, de una mujer a la que también debieron dar el Nobel hace tiempo:
XLIV.
Un extranjero es alguien
que se sienta
muy quieto en la mesa de la cocina,
mira sus nudillos,
piensa que algún día nos reiremos de esto,
pero no se lo cree.
Anne Carson. Cristal, ironía y Dios
Otra mujer inmensa, Marina Tsvetaeva, con bastantes probabilidades la más grande poeta rusa de todos los tiempos; que pasó los últimos meses fregando los platos de la Unión de Escritores antes de colgarse (“La vida es un lugar donde no se puede vivir”), escribió en el Poema del fin:
Sin piedad. Si es éste
un mundo cristiano,
los poetas somos judíos.
No se aprovechen las circunstancias actuales para ver aquí una defensa del Estado genocida de Israel; ni una proclama antisemita, ya puestos. Con lo cual quiero decir que el poeta es judío y extranjero (romaní), aunque a lo mejor me he divertido (“distraído”, en acepción de Santa Teresa).[8] Pero no. Al menos no quiero pasar sin saludar, en el día en que hay gentes celebrando la poesía en Instagram (como Rafael Alberti y María Teresa de León, borrachos como piojos en la flamante sede del Congreso de Escritores Antifascistas, antes Palacio de los Marqueses de Heredia-Spinola), a otros judíos, sólo estos tres que se me ocurren: Paul Celan,[9] Miguel Hernández,[10] Federico García Lorca,[11] Leopoldo María Panero,[12] Alda Merini,[13] Natalia Ginzburg, Alfonsina Storni…[14]
Bibliografía
- Ajmátova, Anna y Tsvetáieva, Marina. (2005). El canto y la ceniza. Galaxia Gutenberg.
- Bourdieu, Pierre. (2022). Capital cultural, escuela y espacio social. Siglo XXI.
- Bulgákov, Mijaíl. (2014). El maestro y Margarita. Nevsky Prospects.
- Carson, Anne. (2022). Cristal, ironía y Dios. Vaso Roto.
- Celan, Paul. (2013). Obras completas. Trotta.
- Cezara, Luciana. (2022). Aviones de Babel. Antología de poesía rumana. Sunt perna.
- Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (2020). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos.
- García Lorca, Federico. (1955). Obras completas. Aguilar.
- Ginzburg, Natalia. (2002). Las pequeñas virtudes. Acantilado.
- Hernández, Miguel. (2017). La obra completa de Miguel Hernández. Edaf.
- Hurtado Albir, Amparo. (2011). Traducción y traductología. Introducción a la traductología. Cátedra.
- Müller, Herta. (2011). El rey se inclina y mata. Siruela.
- Rivera Garza, Cristina. (2021). Los muertos indóciles. Necroescritura y desapropiación. consonni.
- Storni, Alfonsina. (2005). Antología mayor. Hiperión.
[1] No sólo capital económico, sino capital cultural. La distinción es de Bourdieu.
[2] Appellation d’origine contrôlée.
[3] Véanse los asesinatos de jóvenes de los suburbios perpetrados por la policía, o la limpieza realizada para los JJ.OO de París, para los que paradójicamente Macron pretende pedir un cese al fuego en Ucrania.
[4] Son citas textuales; y tampoco se trata de comentarios anecdóticos o hechos aislados.
[5] Curiosamente, a los romaníes se los margina por igual en España, Francia y Rumanía. Serán los nuevos o los viejos valores europeos.
[6] “El poeta, como el soldado, / no tiene vida propia. / Su vida es polvo y pólvora”. Pulbere también se traduce por ceniza. El poema es obra de Nichita Stănescu y puede leerse, traducido, aquí.
[7] Maldonado cuenta además que, en lexicografía, el futuro va por la invisibilidad; se emplaza en renunciar a la autoridad (traductología, Hurtado Albir, 2011; desapropiación, Rivera Garza, 2021; máquina de guerra, Deleuze-Guattari, 2020).
[8] Tengo esta polémica con frecuencia. Asevera mi tía Ana que al máster no he venido a divertirme, sino a graduarme. Y yo le digo: “Que no, que no, tía”, y acto seguido: “¿Quién encierra una sonrisa? / ¿Quién amuralla una voz?”.
[9] “Negra leche del alba te bebemos de noche / te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos por la tarde / bebemos y bebemos”.
[10] “Aunque bajo la tierra / mi amante cuerpo esté, / escríbeme a la tierra / que yo te escribiré”.
[11] “Que no se acabe nunca la madeja / del te quiero me quieres, siempre ardida / con decrépito sol y luna vieja”.
[12] “Pues hasta luego. Hasta otro golpe de Estado. Hasta luego, buenas noches. Hasta luego. Sois vosotros los que estáis en la cárcel, yo no. Bueno hasta luego, ¿vale?”.
[13] “La Madre, quella che come me, mangiò la terra del manicomio credendola pastura divina”.
[14] “le dices que no insista, que he salido”.

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