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Semana Santa. Quiere decir el último, por más reciente, comentario original del cuñado progre; figuras que esistir, esiten, pero están poco estudiadas. Reivindican el calendario republicano que alguna vez compartieron por Facebook, corría el año 2016; pero no es lo único francés que piden, pues son orientalistas, centralistas y (neo)colonialistas, de los que bombardean a selfies las pirámides; perillosos y mojigatos, carne de Sexta.

Perdón si me torno excesivo, es la primavera que arrambla con los diques de la sangre.

Basta ya de ver en el sur al pupilo incorregible. Suficiente, si no sobrada condescendencia mal disimulada, que en el acento y las costumbres quiere verlos perfectos vallisoletanos- perfumados de naftalina septentrional.

Leo en Twitter, de un periodista: «hacer pasar la Semana Santa por algo abierto y profano, el pueblo en marcha hacia la vanguardia, no lo veo». Y atención: «LO MODERNO es tener un Estado laico y republicano»1. El cliché abunda, no obstante, el final es tan bochornoso que no pienso reproducirlo, porque no me creerían.

Señor Fran Pastor: Ortega y Gasset erró al menos en una cosa, algo lo suficientemente enjundioso como para malograr todo el pronóstico. España era muy cristiana, y hoy lo es de otra manera.2 Para entenderlo, le recomiendo la lectura de La secularización en España. Rupturas y cambios religiosos desde la sociología histórica, del Prof. Rafael Ruiz Andrés.

La vanguardia podría tratar de reconsiderar estas ideas anquilosadas en la lectura y la reflexión de viejos y nuevos libros, aunque fuera por el respeto debido a las personas que debe convencer.

No se confunda con una defensa a ultranza de las tradiciones cuales sean, ni tampoco con una mención a la libertad tal y como la entienden los inversores. La libertad habría que matizarla mucho, son demasiados factores y apenas sobre unos pocos tendríamos alguna influencia. Por mi parte, me resulta más sencillo pensar que no existe el libre albedrío. En todo caso, hablamos de la libertad del pueblo (que también son sus hábitos, no sólo aquellos que los amansan), y aquí me remito a Agustín García Calvo, traductor de la Ilíada:


Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.


Vale.



Notas
1. La mayúscula es personal.
2. Y si deja de serlo, habrá que acordarse de Chesterton, y que cuando deja de creerse en Dios, se empieza a creer en cualquier otra cosa. Los dioses del capital, que tienen que ver con el deseo- en términos de consumo, deberían infundirnos terror, mucho más allá del «temor de Dios» cristiano.

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