Tal vez sintamos algo esta noche

Doucement. Tal vez sintamos algo esta noche.

Un enano- una persona con una mutación en el gen del receptor 3 del factor de crecimiento de fibroblastos, dicho sea con ánimo de ahorrarnos los eufemismos; una persona con acondroplasia sometiéndose impasible a un chorrón de decibelios en la pista. Suena un remix de The Chemical Brothers. El enano lleva un traje cruzado o una bata de baño. Es un traje.

Antes de que Angélica se limpie culo y coño en escena, me da tiempo de apreciar el lustroso pelo negro de pitia. Angélica Liddell nunca ha presentado un libro en Tipos Infames y nunca lo haría. Googleo «angelica liddell presentacion tipos infames» y veo que ha firmado sus libros en ese círculo del infierno, y me hace gracia pensar en las babas por el suelo de los mercaderes.

Empezamos riéndonos pero yo sé en qué petrifica esto. Voz de sans-abri (eufemismo típicamente francés) con copa de champagne. Liddell es el cuchillo del amo contra el pecho del amo. Eva antes del espanto: «¿Es que no se puede estar callado y tener lengua?».

Se baraja la posibilidad de que funcionarios irrumpan en acto de servicio en la Sala Roja de los Teatros del Canal y abran fuego contra el público empoderado. Público joven y dinámico con restos de culo abriendo las portadas occidentales. Mazurca para mil muertos. «¿No sabéis que Auschwitz no fue obra de los terroristas, sino que fue obra de los funcionarios?». Pienso en mis profesores. Pienso en mi reacción ante el evento, en que me gustaría permanecer sentado mirando al frente. Algo parecido ocurre en Comedia sin título, la última premonición del Lorca. Gracias a Dios, se cumplió a tiempo de no cruzarse con Angélica. Que lo mataron los cruzados, por aceitunado y maricón.

¿Cómo acabará la historia de Angélica Liddell? ¿Es Dämon una premonición? ¿Veré cumplido mi deseo de morir sentado en el teatro? En verdad, tengo miedo de resbalarme con la sangre y golpearme en la cabeza y quedarme semirrígido con sangre en los labios. Omnia sunt communia.

Parafraseando a Vuong: la muerta es la madre. El océano es una balsa muerta y «El rojo es el color del luto papal». Dios es una balsa muerta y Jesús camina sobre la sal. Ahí reside el misterio de la Comunión, en la sal sobre el cuerpo de Cristo: en la ingesta de sal se nos recuerda el martirio de la carne, el sudor y las lágrimas del Nazareno. El pan es una promesa flotante. Paz, pan y tierra- Moisés y Lenin.

Imagino a Angélica antes de la función dirigiéndose a las actrices: «Quiero las melenas impecables, que estamos en el infierno». La chica a mi lado ha reído en la palabra desangramiento; a lo mejor se ha estremecido, a lo mejor su perfil alambicado ha temblado en respuesta al torrente del centro.

«Toda esa impunidad». Pienso en mis profesores y en el terrible acto de justicia de liquidarnos a todos, de honrar el Génesis.

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