Por qué Mateo y no los otros


Primera versión de San Mateo y el ángel. Caravaggio (1602)


Uno. No dejemos de ver el presente con mayor cariño: ahora sé que hablo inglés postraumático. Me gustaría dejar de matarme, y cuando un extranjero cometa la estupidez de derrumbarse en mi presencia de examinador y se culpe porque la lógica del programa es inexorable y tenía que haberla conocido- porque sólo conoció lo que Dios le dio a entender, le confesaré que él supo bien por Dios, que nosotros le aplicábamos una estafa para nuestra tranquilidad y la suya.


Dos. No hablo de no hacer nada, hablo de no hacer nada que sólo sirva a la repetición y no a lo inmediato. No soy pragmático, ya lo sabes, y si me meto en un máster no seré lo bastante sagaz para que lo resuelva la IA, y viviré de nuevo para los plazos.
Consciente de que plazos va a haber donde sea que esté (el DNI me caduca enseguida), me juego todo a unos plazos que me dejen vivir.


Creo que el mundo no se está adaptando a los estudiantes, se está adaptando la oferta a la demanda, y no es lo mismo adaptar la universidad a personas que adaptarla a nuevas formas de consumo. Tal vez ese el acuerdo que subyacía.

El desacuerdo, en que no pienso que esas nuevas demandas concretas sean principalmente una necesidad parodiada por el mercado, sino también una necesidad parodiada por el mercado.

El malestar se alivia en la parodia, y nuestra derrota y el éxito del capital (que es una inercia ajena nuestra) estaría en haber coaptado también ese mecanismo. Trágico, porque la risa es una respuesta primaria que nos une en comunidades, a las que tuve la muy escasa sagacidad de llamar generaciones. Por suerte, las generaciones no son una y la misma, y en muchas comunidades estamos juntos, en la amistad en particular.


Tres. Escribo, pero ni la escritura es la cuestión privada de nadie ni soy un cuerpo extraño. Puedo ser lo extraño de muchos cuerpos vivos y muertos, y soy más cosas: estuve en muchas partes llamando Marcos al Mateo analfabeto e inspirado, león sincrético al hombre sincrético, alado al alado; queriendo hablar de las manos que lo sostienen, queriendo hablar de las manos y de la sujeción amorosa, que no son las sogas con las que se desmiembra el malestar. Si parase a mirarme las manos, ¿qué vería nadie?

Como Mateo estoy en manos del Espíritu. Me ordeno en la ficción.




Bibliografía
-Cornia, Ugo. Sulla felicità a oltranza. Sellerio
-Laforet, Carmen. Nada. Cátedra
-Manganelli, Giorgio. Il vescovo e il ciarlatano. Inconscio e letteratura: l’incontro con Ernst Bernhard. Sellerio
-Mateo Díez, Luis. Mis delitos como animal de compañía. Galaxia Gutenberg
-Matute, Ana María. Los mercaderes. Austral




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