Durante un tiempo, en mi biografía de tuiter ponía (puse): «A veces escribo cosas». Ahora me avergüenzo de ese a veces, de cosas y del conjunto. Me repatea el lugar común como me repatean los tipos con gorra en un restaurante. Siempre evité llevar gorra a las excursiones del colegio. Prejuicios y a mucha honra. Escribo, entre otras funciones a cual más escatológica. A veces tengo algo escrito pero acaba por alinearse en el texto más largo y más real que destinaré a una editorial desconocida, aunque su estrella sea íntima. De momento, no me hacen ni puto caso, en lo que considero una falta de profesionalidad; que aquí se trata nada menos que de personalidad editorial. Dejo de porfiar antes de que la Universidad Complutense me acuse de ilustre, como a Pérez Reverte y Díaz Ayuso, dos ejemplos de austeridad intelectual.
Sobre la enfermedaz, a la visión de Delphine de Vigan en Días sin hambre, he apuntado en los márgenes [de la experiencia desconfío mucho, y aquí sí que sigo a Kant, insospechado filósofo de la sospecha]:
- La enfermedad como crimen. Crimen contra uno mismo y contra el paisaje, divino o mundano, si eres capaz de notar la diferencia.
La enfermedad mental tiene la peculiaridad de ser, esencialmente, sintomática (somática por añadidura). ¿Es la enfermedad el crimen o es el crimen un síntoma? Releer Crimen y castigo. Apreciar el punitivismo que hostiga al convaleciente. Relacionar el carácter agotador (consumidor) del neoliberalismo y la posmodernidad con las patologías y en especial las patologías mentales. Prevenir el infantilismo propio, la ligereza oprobiosa, de la reflexión en estos términos.
Si no es evidente: el malestar agudiza la violencia estructural en cada uno de sus enlaces (pareja, amistades, familia, etc.). - La enfermedad como crimen heredado. La ανανκη (el destino, la necesidad) en las tragedias de Esquilo y Lorca: Clitemnestra y Bodas de sangre. Tantear la diferencia con Áyax.
Ver la variante judeocristiana del pecado original: «¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice! / Apurar, cielos, pretendo, / ya que me tratáis así, / ¿qué delito cometí / contra vosotros naciendo? / Aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido. / Bastante causa ha tenido / vuestra justicia y rigor, / pues el delito mayor / del hombre es haber nacido». - Por supuesto, la secuencia (la cosmología) conduce a Kafka. El proceso.
Prendido de la analogía que tiende Kristeva entre los patrones de la depresión y de una lengua muerta. Toda la dimensión lingüística de la enfermedad es luminosa. Retomar desde aquí.
Otros libros en mientes (bibliografía)
Casadei, Alberto. Biologia della letteratura. Corpo, stile, storia (il Saggiatore)
Kristeva, Julia. Sol negro, depresión y melancolía (WunderKammer)
Shestov, Lev. Atenas y Jerusalén (Hermida Editores)

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